Bareto: La vuelta a Francia 1

Este segundo aterrizaje en Francia ha sido vertiginoso: veníamos de un fin de semana achorado viajando por tierra a Huancayo el viernes; regresando de la discoteca al aeropuerto para volar a Cusco el sábado; y tomando el vuelo de 12 horas el mismo domingo, luego de unas cuantas horas para recoger la maleta y despedirnos de casa por un mes. El lunes por la tarde, siete horas por delante, escuchábamos sin entender la narración del partido Italia-España de la Euro 2016, en la radio del taxi, camino a nuestro hospedaje en París.

Esta linda ciudad nos ha recibido nublada y lluviosa. Veníamos preparados para la calentura del verano europeo pero el clima está loco en todos lados, y aún la temporada estival no ha arrancado por aquí (lo comprobamos el martes en un nublado paseo a la Torre Eiffel). Sin embargo, el sol y el calor los encontraríamos al sur, en el primer concierto en el Festival Nuits Couleurs.

El miércoles viajamos en tren hasta Gignac, una localidad a unos 40 kilómetros de Montpellier. El escenario descubierto estaba montado en la periferia de un pequeño pueblo cuyos habitantes cultivan hectáreas de viñedos, que componen un paisaje increíble y producen una bebida espirituosa de alta calidad. Pudimos comprobar ambas cosas, ampliamente. La prueba de sonido fue bajo un sol inclemente, un poco tensa pues la maleta de Claudio, nuestro guitarrista, no llegó a tiempo con el resto del equipaje y allí estaban los efectos y equipo que utiliza para su presentación; hubo que conseguir algunos pedales básicos prestados para salvar la situación, que felizmente no trajo complicaciones.

Comenzamos a tocar a las 10:30pm frente a poco más mil lugareños, que se entregaron desde la primera canción a la música que teníamos para mostrarles: cumbia peruana clásica y moderna que era recibida con apertura y ganas de bailar, manteniendo la energía arriba durante la hora y media que tocamos, casi sin parar. Para las últimas canciones ya teníamos algunas chiquillas bailando en lo alto del escenario, prueba de que será una fiesta difícil de olvidar para Gignac (ver foto).

Ahora es medianoche del jueves en París. El regreso tuvo un retraso de casi tres horas, así que nos pasamos el día esperando que arranque el tren y viajando. Y tras el vino nocturno de rigor y la cena, nos queda mañana dar una vuelta por la ciudad y prepararnos para el segundo concierto, el sábado. Ya les cuento.

Por Jorge Olazo

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